El tango no es solo baile, es un evento social
Descripción de la publicación
Pablo Carrasco
6/22/20262 min read
No se habla mucho del tema, pero además de baile, el tango también es social.
Cuando empezamos a bailar tango solemos creer que todo depende de cómo bailamos.
Pensamos que, si hacemos muchos pasos, sabemos sacadas, ganchos y patadas voladoras, automáticamente vamos a disfrutar más las milongas y todos van a querer bailar con nosotros. Jejeje.
Con el tiempo descubrimos que no va por ahí.
Una milonga no es solamente un lugar para bailar, es un lugar donde las personas se conocen, conversan, se observan, generan confianza y, recién después, bailan.
En otras palabras, el tango es un mundo social.
Y como ocurre en cualquier ambiente social...
Nos guste o no, todos estamos leyendo a las otras personas constantemente.
Antes de hablar con alguien, ya recibimos muchísima información.
Cómo está vestido, si transmite seguridad o incomodidad, si sonríe o está enojado. Incluso su energía influye.
Todo eso forma parte del lenguaje no verbal de las personas.
Y nosotros también enviamos esos mensajes, aunque no nos demos cuenta.
¿La apariencia influye? Obvio que sí.
Sería ingenuo decir que el aspecto físico no tiene ninguna influencia.
La tiene, como la tiene en un bar, en una reunión de amigos o en cualquier otro ámbito social.
Pero reducir toda la experiencia de una milonga a eso sería un error.
Con los años vi personas muy elegantes que casi no bailaban.
Y también vi personas completamente comunes que no paraban de bailar toda la noche.
¿Por qué?
Porque además de la apariencia existen muchas otras cosas que generan ganas de acercarse a alguien.
La energía, la forma de mirar, la manera de invitar, la relajación, una sonrisa cálida, la forma de moverse y de tratar a quienes las rodean.
Todo eso comunica quiénes somos y qué energía transmitimos.
Hay cosas que podemos mejorar.
No podemos cambiar nuestra estatura ni nuestros rasgos, pero sí podemos decidir cómo queremos presentarnos.
Ir prolijos o no, elegir ropa cómoda o elegante, todo comunica algo.
Incluso pasarse de elegante puede jugar en contra. Ir de saco, chaleco o vestido de fiesta a una milonga un domingo a las cinco de la tarde probablemente te haga ver un poco desubicado. No porque esté mal vestirse así, sino porque el contexto es otro.
Lo importante es elegir una ropa con la que nos sintamos cómodos y que tenga sentido para el lugar al que vamos.
También ayuda cuidar la higiene personal y usar un rico perfume, sin exagerar.
Recordemos que en el tango abrazamos a otra persona durante varios minutos. Son pequeños detalles que hacen que la experiencia sea más agradable para ambos.
También podemos trabajar nuestro nerviosismo, nuestra postura, la sonrisa y la predisposición para conversar.
Son aspectos que muchas veces tienen más influencia que una buena secuencia de pasos.
La mejor noticia es que todo esto se aprende.
Nadie nace sabiendo moverse en una milonga.
Todos, alguna vez, nos sentimos incómodos con alguien sin saber por qué.
Todos mandamos señales equivocadas sin querer.
Todos tuvimos noches buenas y noches malas.
Lo importante es entender que en una milonga no se evalúa solamente cómo bailás o cómo te vestís.
Lo que termina construyendo tu experiencia es la suma de muchísimos pequeños detalles.
Y la buena noticia es que muchos de ellos están completamente bajo tu control.
